PINCELADAS DE SENTIMIENTOS

Poniendo los puntos sobre las íes

Antes de empezar esta entrada, me gustaría comentar varias cosas. Normalmente no escribo de manera planificada y lo suelo hacer todo “del tirón”. Es decir, me pongo delante del ordenador, dejo fluir lo que siento, reviso varias veces y envío. Este post es un poco diferente a los demás. Lo he escrito entre varios ratitos que he encontrado en mi rutina. Quizás te parezca un detalle sin importancia pero para mí es muy significativo. Verás, hace no tanto, cosa de año y medio o 2 años, podía pasarme al día una o dos horas escribiendo y leyendo sobre abusos sexuales en la infancia. Comentaba en varias webs dedicadas a ayuda mutua de supervivientes de ASI, leía blogs, actualizaba el mío… Me perdía literalmente en este tema a diario. Esta entrada es especial porque la he ido haciendo poco a poco. En cierto modo, ha ido naciendo, no fruto de un “arrebato” o de un momento en el que sentía que debía expresar lo que sentía sino fruto de la reflexión y la calma, aprovechando varios huecos en mi día a día, entre los trabajos de la facultad, las clases, y mi vida familiar y social, que por cierto, últimamente la estoy disfrutando más que nunca y me encanta 🙂 . No creo que sea un detalle sin importancia. Como ves, antes los abusos eran un tema primordial, principal, en mi día a día mientras que ahora hace mucho que pasaron a un tercer, cuarto o quinto plano en mi vida. No sé muy bien dónde los sitúo ahora mismo… Siguen presentes en mi vida, no lo voy a negar, porque sigo viendo a mi tío, mi agresor, a menudo y porque por un motivo u otro a veces vuelven a aparecer entre las conversaciones con mi madre.

Hoy ha sido uno de esos días. Antes también de empezar con el tema propiamente de esta entrada, quiero contar lo que ha pasado hace un ratito. Mi madre me volvió a sacar el tema. Alguna vez lo he comentado por aquí, muchas veces me he referido a los abusos como “mis fantasmas”. Es la mejor manera de definirlos para mí: pertenecen al pasado pero, como un fantasma, tienen el poder de mezclar las fronteras del tiempo, traspasarlas y presentarse de nuevo en mi presente. Ahora que lo pienso, los sentimientos que han despertado en mí también son similares a los que producen los fantasmas: susto, desasosiego, intranquilidad, nervios, inquietud… Es curioso. Nunca lo había visto así. La cosa es que básicamente mi madre me ha vuelto a decir lo que me ha dicho tantas otras veces: “tu padre lo está pasando muy mal, no puede ver a tu tío, yo no sé qué hacer, estoy en medio, ¿Tú qué vas a hacer? Otra vez lo mismo, toda la vida con lo mismo…” No os hacéis una idea de la de veces que la he escuchado hablar así, decir estas mismas expresiones. Mi respuesta esta vez ha sido escucharla pero, al contrario que tantas otras veces, no me ha afectado. Le he respondido con toda la tranquilidad del mundo y sin perder los papeles en ningún momento: “eres adulta, puedes hacer lo que quieras. Entiendo que para papá sea duro pero a mí eso ya no me afecta. Si necesita ayuda para superarlo, que la pida como he hecho yo, si la necesita, o que no la pida, que haga lo que quiera. Yo tengo muy claro lo que voy a hacer, lo que he hecho siempre: apoyar y estar ahí con mi prima, mi tía y mis niños. Yo no pienso estar toda la vida dándole vueltas a lo mismo. Mi vida va mucho más allá. Lo tengo claro.” Ella ha seguido erre que erre con lo mismo y yo la he estado escuchando pero reconozco que ha habido un momento en el que he desconectado. Mi cabeza andaba pensando en lo que iba a hacer esta tarde. Por una vez, no me he sentido mal por ello. He recordado una frase que me dijo mi psicólogo hace tiempo “Quieres superar tu dolor y el de los que te rodean y eso es imposible.” Así de simple. Hoy he entendido que no es mi problema que mis padres sigan enredados con el tema. Ni puedo ni debo intentar superar su dolor, pero si ha llegado un punto en el que no me afecta ni siento que los comentarios que mis padres, en concreto mi madre, me hagan me hacen daño ni me hacen retroceder en cierto modo o dudar de mi historia ni de mis sentimientos, tanto los que he tenido en mi pasado como los que tengo ahora en mi presente. No sé cómo explicarlo… Es una sensación bonita, me gusta 🙂 . 

Otro detalle también que me ha llamado la atención es el título de esta entrada. Normalmente no me lo suelo pensar mucho porque me salen solos. Esta vez me ha costado un poco más. Hace un rato, mientras hablaba con mi madre, se me vino a la cabeza “poner los puntos sobre las íes” y me gustó. En el blog http://tripodologia-felina.blogspot.com.es/2008/04/poner-los-puntos-sobre-las-es.html he encontrado esta definición de esta expresión: ‘”Poner los puntos sobre las íes” es una expresión que significa puntualizar o concretar; añadir en un asunto, o en algo que se dice, ciertas observaciones que no dejan lugar a dudas o tergiversaciones.’ Bien, esto es exactamente lo que me gustaría conseguir con este post. Siento que, en general, hay tantas falsas creencias sobre los ASI y las personas que los han vivido que me gustaría explicar, desde mi propia experiencia estos puntos que están un poco borrosos para que, al menos para quien me lea, no quede lugar para las dudas.

El tema de esta entrada nació la semana pasada a raíz de leer una entrada que escribió hace tiempo una mujer a la que admiro. Ella es mucho más que una superviviente de abusos sexuales infantiles, es toda una guerrera que no le ha bastado con luchar contra su propio monstruo sino que además dedica parte de su tiempo a denunciar y decir a cara descubierta que los abusos sexuales existen. Seguro que algunos de los que pasáis por aquí la conocéis, se trata de la pequeña Némesis. En esta entrada que escribió hace ya tiempo http://nemesisenelaverno.blogspot.com.es/2012/11/cosas-que-no-hay-que-decirnos.html?spref=tw da respuestas a muchas preguntas bastante dolorosas que como supervivientes de abusos sexuales en la infancia hemos tenido que responder alguna vez… 

Si estás leyéndome y tienes algún caso cercano, por favor, sé paciente. No juzgues. Ése es, desde mi punto de vista, el mejor consejo que te puedo dar. Bastante nos hemos juzgado ya nosotros a nosotros mismos durante muchos años. Si alguien se te acerca y te cuenta que ha sido víctima, que ha sufrido abusos sexuales en la infancia escúchale con paciencia y cariño pero ten mucho tacto con las palabras que les dices. Somos mucho más fuertes de lo que la gente que no ha pasado por una experiencia así se imagina porque no nos ha quedado otra más que ser fuertes pero a la vez también somos muy vulnerables y frases como éstas nos pueden hacer mucho daño:

—> ¿Por qué no lo contaste entonces? ¿Por qué no lo denunciaste si tanto daño te hizo?

La respuesta general es clara: por miedo. Miedo al rechazo, a romper la unidad familiar, a que no te crean, miedo a cómo te vayan a juzgar, miedo a que te culpen por “haberte dejado hacer”… Me identifico con estos miedos porque los he sentido todos. Yo sí que lo conté, el día que mi tío intentó ir un poco más lejos. En mi caso, mi tío no fue más allá de caricias, por todo el cuerpo, incluyendo por supuesto mis partes más íntimas, besos en el cuello y alguna frase del tipo “te encanta, verdad? Yo sé que te encanta.” Tanto los besos en el cuello como estas frases los he recordado a raíz de pedir ayuda psicológica. Ahora entiendo que si hubiese vivido sabiendo estos detalles, aunque puedan parecer detalles pequeños sin mucha importancia, mi sentimiento de culpabilidad hubiese sido aún más insoportable de lo que ya era de por sí. No os hacéis una idea de lo que he tenido que llorar cada pequeño recuerdo que mi mente me ha enviado. Revivir su respiración y como adulta sentir pánico, entender que aquello no era un juego, que de verdad mi tío sentía placer tocándome… Es duro, muy duro y me ha provocado sentimientos de repugnancia, rabia, y un dolor inmenso, como si mi alma se quebrase con cada nueva imagen. Todo esto ocurría durante la hora de la siesta. Supuestamente, mi tío y yo dormíamos en el dormitorio de mi tía mientras la casa estaba llena de gente: mi tía, mis primos, mi abuelo y ninguno sospechaba nada o si lo hacían preferían mirar hacia otro lado. Otro recuerdo que también se me vino fue mi abuelo diciendo “el juego con tu tío no va a acabar bien” o mi tía diciéndole a mi tío “normal que le encanten las cosquillas. Con lo que me gustan a mí! Anda que la niña es tonta.” En teoría eran cosquillas. Así de simple, así de inocente. Mi cuerpo reaccionaba ante las caricias de mi tío y claro que me encantaba lo que me hacía, aunque fuese una niña de 10 años. Los abusos no duraron más de 10 – 15 días porque un día yo me asusté y salí corriendo. Entonces mi padre me vio mal, llorando, yo le dije lo primero que se me vino a la cabeza “mi tío quería bailar conmigo”. No sé porqué dije eso pero desde ese día mi familia quedó rota. Mi padre a día de hoy sigue sin hablarse con mi tía ni mis primos, mi madre está en medio. Mi tía y mis primos no sé hasta qué punto saben o prefieren no saber. No he denunciado ni lo pienso hacer a día de hoy porque bastante me ha costado superar la culpabilidad por haber hablado ese día y “haber roto a mi familia”, que de sobra sé ahora que el único que ha roto a mi familia fue mi tío. Lo cierto es que ahora mismo estoy bien como estoy. Una vez estuve a punto de coger el teléfono y hablar con mi tío pero entonces se me vino la imagen de mi tía llorando y entendí que no podría soportarlo… Es curioso. En mi caso, ahora me paro a verlo desde otro modo. No valdría el “no denuncio para no romper ni destrozar mi familia con mi historia” porque ya está rota de por sí, quizás no lo hago por no romperla aún más, o porque no estoy preparada a día de hoy para ver el dolor en mi tía y en mi prima… Creo que esto sería lo más doloroso para mí, lo que me detiene a hablar con ellas y decirle lo que pasó. No sé qué pasará mañana, quizás lo denuncie o quizás no… Eso el tiempo me lo dirá. 

–> Si hablas ahora de esto es para vengarte, o para dar pena… Te gusta hacerte la víctima. ¡Te encanta llamar la atención y ya no sabes por dónde salir!  

Si, claro, no tengo yo otra cosa mejor que hacer que dar pena… Verás, si me conocieras en persona verías que soy una chica alegre y optimista, que se pasa los días bromeando, ilusionándose con pequeñas cosas del día a día, que no para y tiene la agenda hasta arriba de trabajo y planes, que ando animando siempre a los demás, sensible y empática, muy, muy cariñosa y atenta con todos. Me puedo definir de muchas maneras pero la palabra víctima no va conmigo. Me he dado cuenta de que cuando era pequeña en un momento puntual de mi infancia fui víctima de abusos sexuales pero ya no y yo soy mucho más que eso. Lo abusos es una parte de mi vida, la más dolorosa, no te lo voy a negar pero no soy sólo eso. Algo que quiero comentar aquí, me he dado cuenta de que solemos ser personas muy empáticas y sensibles con el dolor de los demás, quizás algo tenga que ver nuestra historia pero eso no hay que confundirlo con ser débil ni ir de víctima. Si hablamos de nuestra historia de abusos es simplemente porque es nuestra manera de superar nuestro dolor. Te haces una idea lo que es pasar años de tu vida guardando un secreto que te está matando poco a poco por dentro? Eso es lo que nos ha pasado a las personas que hemos vivido abusos sexuales durante nuestra infancia o en un momento puntual de ella. Hemos cargado durante muchos años con una mochila muy pesada, mucho, y nuestra manera de ir desprendiéndonos de ella es hablar. Como me dijo mi psicólogo una vez, hablar cura. 

—> Pobrecita…

No me gusta nada sentir que doy lástima. No soy más que alguien que no haya pasado por una experiencia similar a la mía pero tampoco soy inferior. Seguro que tú también has pasado por experiencias dolorosas y no te hace gracia que alguien te diga “pobre…” A mí la vida me enseñó siendo muy niña que tu vida, tu mundo, puede cambiar de un momento a otro y lo he pasado muy mal debido a todo lo que ha pasado en mi vida a raíz de los abusos pero también he aprendido mucho. La lástima, la pena, ese “pobrecita” son palabras y sentimientos con los que no me identifico. 

—> Debes tratar de superarlo. Pero eso fue hace un montón de tiempo. No sirve de nada remover el pasado.

Una vez me molesté con mi mejor amiga porque me dijo algo muy parecido. En el momento no reaccioné pero al rato la llamé por teléfono llorando y diciéndole “yo no quiero estar así…” Es verdad, habían pasado por entonces unos 11 o 12 años desde que mi tío abusó sexualmente de mí pero yo andaba atormentada por mis fantasmas. Fue la época en la que se me venían recuerdos nuevos, esos de los que acabo de hablar hace un momento, y aunque fuesen pequeños detalles, para mí eran muy dolorosos y yo no sabía cómo encajarlos. Me he pasado 3 años y medio de mi vida trabajando conscientemente, es decir con ayuda psicológica, por superarlos y no ha sido nada fácil pero a día de hoy digo alto y claro que si, remover el pasado sirve de mucho. Sentía que necesitaba ordenar y entender todo mi pasado para poder avanzar, y sabéis qué? Es de las decisiones que he tomado en mi vida de las que más orgullosa me siento. Si sientes que debes entender tu pasado para avanzar porque en cierto modo te ata y te ancla, qué hay de malo en removerlo e intentar entenderlo? Si es lo que tú necesitas, adelante. Es doloroso para todos, tanto para ti si lo has vivido en primera persona como para los que están a tu alrededor pero creéme, es necesario. Te lo digo por experiencia propia. Cuando ahora me veo mirando al frente con tantos proyectos y sueños nuevos, con tantas ilusiones, me emociono y tengo la certeza de que no me encontraría en este punto tan bonito, mirando adelante de esta manera con tanta paz y tanta calma, si antes no hubiese hecho las paces con mi pasado. Lo tengo claro. La paz que hoy siento es fruto también de haber removido y ordenado todo el torbellino de sentimientos que mi niña interior sentía. Mi pequeña hoy está en calma y tiene ganas de soñar conmigo. Caminamos juntas, antes no. Insisto, remover el pasado es necesario para poder avanzar hacia adelante.

—> ¡Pero si sólo era un juego de niños! ¿No estarás exagerando las cosas? ¿No será que alguien te ha hecho pensar que esas caricias son malas? ¡Qué sabrás tú de sufrimientos y maltratos! ¡Tú has visto muchas películas! ¿Puede ser que haya parte de imaginación en tus recuerdos?

Uffff… Estas frases duelen mucho… Por un lado, he leído a muchas personas que han pasado por experiencias similares a las mías y algo en lo que coincidimos todas es que, al contrario de lo que mucha gente se piensa, tendemos a minimizar nuestra historia. “No fue para tanto en realidad…” “Y si no fue para tanto por qué me siento tan mal? Es que soy débil?” En mi caso concreto, yo me enteré de que lo que viví fueron abusos sexuales cuando me decidí a pedir ayuda psicológica. Recuerdo que durante la segunda sesión mi psicólogo me dijo “has vivido un episodio de abusos sexuales” y yo me removí de la silla, “¿cómo? ¿Abusos sexuales?” Él me tuvo que dar una definición de lo que son porque yo nunca los había llamado así antes, jamás. Tuve que reconocer que encajaba perfectamente con lo que había vivido. Si nos imaginásemos una escala de gravedad en los ASI, mis abusos entrarían dentro de los leves porque duraron poco en el tiempo y mi tío con 50 años no fue más allá de acariciarme el pecho y el pubis mientras se excitaba. Yo tenía 10 años y mientras él se divertía con mi cuerpo de mujercita, yo me hacía la dormida ¿Te parece que éso es un juego de niños? No. No lo es. Los ASI no pueden medirse en una escala. Por suerte, mi mente me ha estado protegiendo muchos años hasta que he estado lista para afrontarlo todo. Un niño no se inventa estos recuerdos. Al contrario, un niño va creciendo y olvida detalles que no es capaz de asimilar para poder seguir con su vida. Hay detalles muy dolorosos con los que un niño es incapaz de vivir, ni de asimilar. Un niño no es capaz de inventarse una historia de abusos porque su mente es inocente. 

–> ¿Te penetró? ¿O sólo te tocó? ¿Pero fue una vez o varias? Sí, sí, lo del abuso está mal, pero júrame que no te penetró.   

(Reconozco que en esta pregunta tuve que parar. Es muy difícil para mí contestarla). Sólo me tocó, no me violó pero ¿Sabes la de veces que me he planteado qué hubiese pasado si no hubiese salido corriendo aquella tarde? ¿Quién sabe lo que hubiese pasado, hasta dónde habría llegado mi tío? No lo sé. A día de hoy tengo muy claro, como me dijo mi psicólogo el primer día, que salir corriendo fue lo mejor que pude hacer y doy gracias porque mis piernas tuvieron fuerzas, ya que no siempre es así. El miedo también paraliza y nos deja incapaz de reaccionar. Por suerte, a mí me hizo salir corriendo. Los ojos de mi tío me dieron pánico esa tarde. Fue una tarde distinta. Después del rato de “siesta” en el cuarto de mis tíos, pasamos al cuarto de mis primos y ahí me cogió las muñecas y no quería que me fuese. “Esto es un juego, ya me he cansado de jugar ¿Por qué no me deja irme?” No tenía otra cosa en mi cabecita. Durante años lo he pasado fatal cada vez que alguien me cogía de las muñecas, me he reprochado a mí misma haber salido corriendo “si en realidad no fue para tanto…”, acudí a mis padres y ya sabéis muchos cuál fue la reacción… Mi madre me culpó “tienes que aprender que los hombres son así”. En el caso de los ASI los detalles de los abusos en sí no son lo único importante, influyen otros muchos factores: la reacción del entorno, que los abusos se den dentro o fuera del círculo familiar, la reacción del niño… He leído historias muy dolorosas de abusos graves continuados en el tiempo durante muchos años, incluyendo violaciones, que a mí me parecen insoportables y me ha sorprendido muchísimo cuando alguna de estas mujeres me ha escrito en mi blog diciéndome cosas como “admiro la fortaleza que tienes. Te cruzas casi a diario con tu tío y sigues adelante con tu vida. Yo no sé si podría hacerlo…” Al leer comentarios así he entendido que mi historia no es la más dura, claro que no, pero también tiene sus partes complicadas. Con todo esto quiero decir que cada historia es un mundo y que creo que no se puede hacer una escala de gravedad de los ASI. Como leí a una chica hace un par de años, desde el momento en el que un adulto toca a un niño, su inocencia se rompe, los detalles de los abusos en sí no son importantes. Para mí lo que de verdad importa es que los abusos sexuales dejan unas secuelas muy difíciles de superar: culpabilidad, baja autoestima, vergüenza, ataques de ansiedad, cambios bruscos de humor, diversas fobias y miedos, repugnancia hacia el propio cuerpo, y un largo etcétera. Estas secuelas surgen muchas de ellas con el paso de los años, mucho tiempo incluso después de que los abusos hayan terminado y éso es lo que la mayoría de la gente ajena a este tema no es consciente.  

 –> Parece que tomas el abuso sexual como estandarte de tu vida, supéralo ya. 

Estamos en todo nuestro derecho de hacerlo. Si a ti, que no lo has vivido, te escuece y te parece incómodo mirarlo ¿Te imaginas lo que es vivirlo en primera persona? Soy de las que piensa que se debe hablar del abuso sexual infantil, ponerle nombre y cara, aunque reconozco que yo misma me veo incapaz de hacerlo totalmente a cara descubierta. Es decir, sin el anonimato y la seguridad que me da este blog. Antes hablaba mucho más de los ASI y de vez en cuando ponía algo en mi perfil de las redes sociales relacionado con el tema, alguna noticia o algo así por el estilo. Ahora lo hago de manera puntual pero tengo claro que, de un modo u otro, de la manera en que me sea posible en cada momento de mi vida, ayudaré a concienciar, a que la sociedad se quite esta venda que parece que tiene en los ojos en cuanto a este tema. 20 de cada 100 niños sufren abusos sexuales. Estamos hablando de algo que ocurre en España ahora mismo ¿Te has parado un momento, sólo un momento, a pensarlo de verdad? 20 de cada 100 niños. Yo he sido una de esas 20 niñas y a día de hoy soy una chica y siento que lo he superado pero se trata de mucho, mucho más que una estadística ante la que me niego a quedarme de brazos cruzados. No hago ningún mal a nadie denunciándolo. Si te gusta bien, y si, por el motivo que sea no te gusta o te molesta, es tu problema. El mío no.   

–> Tal vez no deberías contarlo… No hace falta que lo sepa todo el mundo. Si hablas destruirás a la familia. Vale, ve a terapia, pero que no se entere nadie. ¿Seguro que necesitas la terapia, con lo que te gastas ahí…? no se lo digas a nadie. 

Siento que, en cierto modo, ya he respondido a esta afirmación en otras preguntas de esta entrada. Me gustaría añadir que hay secretos que hacen mucho daño y cuando ese secreto habla de algo tan doloroso como es una historia de abusos sexuales, el secretismo no sólo no hace ningún bien ni ayuda en absoluto sino que además contribuye a aumentar aún más el dolor que causan. Vale, no se lo cuento a nadie ¿y? ¿Eso borra lo que he vivido? ¿Lo cambia? ¿Lo disminuye? ¿Ayuda a que mi dolor sea más soportable? ¿Me ayuda a curar mi herida? La respuesta a todas estas preguntas es no. Es parte de mi historia y como mía que es yo decido en cada momento a quién contárselo y a quién no, cuándo hablar y cuando prefiero callarme. Por supuesto, yo decido si debo pedir ayuda psicológica o no. Si me lees desde España, algo que yo hasta hace 3 años y medio no sabía es que entre las especialidades de la seguridad social está también salud mental. En mi caso, por suerte, he podido pedir ayuda psicológica porque he estado yendo por la seguridad social. En el momento en el que la pedí no estaba trabajando y además no quería contárselo a mis padres ni pedirle ayuda económica a ellos. Fue la única opción que vi y estoy muy contenta. No he ido nunca al psicólogo por lo privado por tanto no puedo comparar ni decir si es mejor o peor pero si te garantizo que hay buenos profesionales que hacen muy bien su trabajo. Como me dijo mi doctora de cabecera cuando fui a pedirle ayuda, su trabajo es ayudar a curar a las personas y hay veces en las que lo que está mal es el alma. El alma también se puede curar.   

 –> ¿Pero puedes tener relaciones sexuales? Quien lo diría de ti se te ve normal, y muy sonriente y simpática… 

Creo que ésta es una de las grandes falsas creencias. Lo pienso y creo que posiblemente yo si no lo hubiese vivido, también me imaginaría que alguien que ha sufrido abusos sexuales en la infancia se pasa los días llorando por las esquinas y triste. Claro que tenemos nuestras rachas y nuestros momentos complicados pero no siempre es así. Algo que me encanta y que me he dado cuenta que tenemos en común todas las personas que hemos vivido ASI es que somos resilientes. Descubrí hace un par de años esta palabra y me gusta mucho. Este término hace referencia a “la capacidad de los sujetos para sobreponerse a períodos de dolor emocional y situaciones adversas. Cuando un sujeto o grupo es capaz de hacerlo, se dice que tiene una resiliencia adecuada, y puede sobreponerse a contratiempos o incluso resultar fortalecido por éstos. Actualmente, la resiliencia se aborda desde la psicología positiva, la cual se centra en las capacidades, valores y atributos positivos de los seres humanos, y no en sus debilidades y patologías, como lo hace la psicología tradicional. El concepto de resiliencia se corresponde aproximadamente con el término «entereza»”. Hoy va el día de definiciones 😉 ésta la he sacado de wikipedia. Con ella quiero responder a esta afirmación. Es complicado pero sí podemos tener relaciones sexuales y disfrutar de ellas. Claro que podemos sonreír y disfrutar de nuestra vida ¿Sabéis? La gente que me conoce sin necesidad de llegar a ser íntimos, me suelen decir que transmito optimismo y alegría. Cuando me han dicho eso me encanta pararme a pensar “Me pregunto qué pensarían si supieran todo el dolor que he sufrido, lo mal que lo he pasado siendo tan joven…” Pero todo eso ya pasó. Ahora tengo un presente que me encanta y vislumbro un futuro que me ilusiona, lleno de proyectos y sueños por los que luchar día a día, como a mí me gusta, disfrutando del camino a sorbitos pequeñitos.

 

Gracias de todo corazón por estar ahí, por llegar hasta aquí conmigo. 🙂

Un abrazo enorme.

 ❤

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Caminando sin dejar de sonreír :)

Hola ! Qué raro se me hace escribir por aquí… Este sitio fue mi blog, mi rinconcito desde el que contar, y a veces gritar, al mundo exterior mi historia, mi herida, mi particular torbellino de sentimientos. Solía entrar muchas veces al día, ahora puedo pasar varias semanas o incluso un mes sin pasarme por aquí. Qué bonita la vida y sus cambios de direcciones. 

Hoy quiero actualizar porque anoche me pasó algo que me hizo romper a llorar de orgullo, emoción… Llorar de felicidad. Fue un momento precioso que quiero compartir con vosotros, contigo, me estés leyendo desde donde me estés leyendo o quizás hayas llegado a mi blog por pura casualidad… Te aviso por si es la primera vez que me lees, no creo en ellas. Lo de anoche tampoco fue casualidad. Estaba terminando de repasar un trabajo y rebuscando por el ordenador, me saltó algo que escribí hace unos dos años y medio creo, si las cuentas no me fallan. Se trataba de la segunda carta que le escribí a mi tío, y que como la primera tampoco le entregué nunca. Una de mis maneras de desahogarme. Anoche la volví a leer. Apareció así sin yo buscarla, sería por algo. La respuesta la encontré en este fragmento:

“quizás cuando vuelva a mirarte a los ojos y no haya nadie a nuestro alrededor me vuelva a ver llorando de rabia e impotencia o quizás no, no lo sé. Quizás llegue ese día en que siempre que te vea me de igual y pueda seguir caminando tan tranquila. “

Ese día llegó 🙂 últimamente me cruzo casi a diario con mi tío porque nuestros horarios coinciden pero no borro la sonrisa. Lo miro sin dejar de sonreír. Él me mira incrédulo. Creo que le desconcierta mi actitud, que no sabe qué pretendo… La verdad? No pretendo nada pero reconozco que es una sensación que me encanta. Simplemente estoy tan feliz con mi día a día, con mis planes y mis sueños de futuro a corto y largo plazo… Tengo tanto bonito, tanto que me llena en mi día a día, que me hace tan feliz, me siento tan afortunada… Ando caminando pensando en mis cosas, sin borrar esa sonrisita que últimamente tengo en mi cara y si veo a mi tío, esa felicidad sigue estando aquí dentro de mí, la sigo sintiendo. Mi tío ya no tiene el poder de romperme el corazón en mil pedazos con sólo pasar por mi lado. No, ya no. Lo tuvo durante muchos años pero ya su presencia no me afecta.

Mi psicólogo me dio el alta hace dos meses y medio pero a veces aún me resulta raro no volver a ir más, no tener otra cita por ahí perdida en el calendario dentro 2 o 3 meses… Es en momentos como éstos que vivo últimamente, cuando me cruzo a mi tío caminando y lo miro a los ojos y no dejo de sonreír cuando me doy cuenta de que es cierto, he superado mis traumas,  mis viejos fantasmas. Pertenecen al pasado y ahí se quedan ya. No vuelven a asustarme ni a hacerme sentir mal. 

Anoche no pude evitar emocionarme. Me parecía algo tan imposible cuando escribí esa carta… Lo logré. Si, se puede.

Aunque sufrieras abusos sexuales siendo niña y hayas vivido y sufrido sus secuelas durante muchos años de tu vida, tú eres mucho más que esa historia. Tú que te has caido y te has levantado mil y una vez. Tú que sabes lo que es acurrucarte en tu cama y esconderte entre las sábanas para que nadie te vea llorar, tapando tu dolor, cuando lo que necesitas es que alguien te saque de ahí y calme tu alma atormentada en un abrazo… Tú que sabes lo duro que es vivir con una careta puesta como sonrisa sin llegar a sentir que es de verdad tuya. Tú que te escondes bajo un carácter sociable y jovial cuando tienes tantos complejos, cuando te sientes tan mal contigo misma. Tú que has sido la hija, amiga, novia, estudiante perfecta según los demás pero que no parabas de hacerte daño físicamente a ti misma mordiéndote las uñas hasta las cutículas… Si, tú que has pasado por todo esto tan complicado de vivir… Ahora te ves sonriendo mirando al frente sin borrar esa sonrisa. Ahora sabes que nadie te va a quitar esa sonrisa, ni siquiera tus fantasmas que tan mal te han hecho sentir.

Dejo este mensaje por aquí por si a alguien me lee que necesite esperanza, que se siente cansado y perdido en una de esas caídas que parece que nunca van a terminar… Hace un par de años me parecía prácticamente imposible cruzarme con mi tío y que mi mundo no se rompiese por dentro, sin escuchar esa jaula de grillos en mi cabeza que era para mí la rabia… Ahora lo he conseguido. Mi presente y mi futuro, mi constancia y mi fuerza, mis sueños, mi ilusión, mi esperanza… Han vencido a mis viejos fantasmas.

Soy feliz, muy feliz, camino mirando al frente sin agachar la cabeza tejiendo sueños y nuevas ilusiones en mi cabecita y en mi corazón, y sabéis qué es lo mejor? Que no me siento culpable por ello. Me lo merezco. Me merezco la felicidad que hoy siento.  

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Carta a mi pequeña mujercita

Siempre he sentido la necesidad de escribirle a mi niña, a mi pequeña. Hoy recuerdo con ternura a esa adolescente y no puedo evitar las lágrimas. Me pregunto, ¿qué le diría? ¿Qué me diría a mí misma?

Palabras a mi yo adolescente escritas desde la perspectiva de adulta y habiendo pasado por todo lo que he pasado para curar mis viejas heridas:

Te diría tantas cosas que no sabría muy bien por dónde empezar. Te diría que eres mucho más fuerte de lo que crees. La vida te dará muchas alegrías pero también algún que otro palo grande y sabrás estar ahí junto a los tuyos ayudando como tú sabes hacer, con pequeños detalles, con sonrisas y abrazos. Te diría que llorarás porque tú eres una llorona en toda regla pero que no siempre será de tristeza, también sonreirás emocionada y antes de que te des cuenta estarás llorando de alegría porque así eres tú y lo seguirás siendo siempre, sentimiento en estado puro. Te diría que te apoyes en toda esa gente que tienes a tu alrededor pero que te valores a ti por encima de todos. Tú eres la que tiene la fuerza para seguir caminando. Te diría que te admiro porque no cambias por nada ni por nadie. Te admiro por tu constancia y tu exigencia contigo misma, por tu perfeccionismo, por no conformarte y querer siempre superarte y hacerlo todo cada vez mejor. Te diría que sigas soñando, que viajarás y conocerás rincones que te llenarán de una paz maravillosa. También te diría que acabarás encontrando dentro de ti esa paz que tanto buscas en las palabras y en los abrazos que te brindan los demás. Te diría que será muy duro, mucho, pero que con ayuda conseguirás dejar tus fantasmas atrás. Pedirás ayuda psicológica. Tranquila, no te asustes, no te volverás loca. Encontrarás a un psicólogo que te hará sentirte cómoda para expresar todo lo que sientes y estará durante 3 años y medio ayudándote a caminar, te dejará siempre claro que está ahí para apoyarte en todo lo que necesites. Creéme, te ayudará y te vendrá muy bien. Estará contigo una temporada y un día sentirás que ya estás lista para seguir volando sin su ayuda. Será uno de los días más especiales y felices de tu vida. Te lo aseguro. Una parte de mí te diría que te dejes de culpar a ti misma por lo que pasó, que no pierdas más noches llorando por lo que no se puede cambiar pero otra parte de mí también te diría que entiendo que lo hagas y que debes hacerlo para conseguir esa paz que tanto anhelas. Te prometo que acabarás sintiéndola. Trabaja como haces siempre. Te caes y te levantas, te caes y te levantas. Te admiro, pequeña mujercita. Disfrutarás ayudando a los demás, viendo sonrisas en pequeños que te llenan de inocencia e ilusión. Disfrutarás con esas pequeñas cosas del día a día: un abrazo, una sonrisa, un café con una amiga, un paseo por la playa, preparar una sorpresa así porqué sí… Aprenderás y descubrirás partes de ti que desconocías, aunque ahora te cueste creerlo, tienes mucho genio y el día menos pensado te enfadarás y te darás cuenta de que el mundo no se cae, que no tienes que pedir constantemente perdón por todo. Te diría que puedes ser lo que quieras ser con tu empeño, constancia e ilusión. Te diría que esa sonrisa tan tuya te llevará muy lejos, donde quieras llegar. Te diría que tu sonrisa ayudará a los que están a tu lado y hará sonreír y reír. Te diría que eres tan fuerte, tanto, tanto. Te diría que no dejes que nadie te llame débil o frágil porque no lo eres. Sensible si, muchísimo pero tienes fuerza para parar un tren porque no te ha quedado otra más que ser fuerte. Te diría que te parases un momento a ver la de motivos que tienes para sentirte orgullosa de ti misma, tienes muchísimos. Te diría que no te atormentes más, que rías y vivas tu vida, la que tú quieras. Te diría algo que sé que te emocionaría, tus palabras, tus letras y tu historia servirán también para ayudar a otras personas que comparten tus sentimientos porque han pasado por lo mismo que tú. Te ayudarán y tú también ayudarás. Te diría que vales mucho y que eres mucho más que tus traumas. Te diría que vivirás la vida como a ti te gusta, a sorbitos pequeñitos, disfrutando de cada instante con una sonrisa. Te diría, pequeño nervio, que serás una mujer con la cabeza dando vueltas siempre a nuevos retos y nuevos sueños. Te diría que pase lo que pase, nunca estarás sola. Te mereces ser feliz y te prometo que lo vas a ser. Confía en ti, pequeña mujercita. 

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Luz :)

¡Hola! Cuánto tiempo sin aparecer por aquí… La verdad, no sé muy bien por dónde empezar. No pensaba actualizar, pero no sé muy bien porqué acabo de llegar a casa y después de más de 3 meses sin escribir ni abrir mi blog, he encendido el ordenador y me he venido directamente aquí.

En realidad, acabo de ver a mi tío, como tantas veces últimamente. A veces, como me diría mi psicólogo, me expongo yo directamente, otras veces como tantas otras, me lo cruzo por casualidad. Hablando de mi psicólogo, este Lunes que viene tengo cita con él. No sé muy bien qué pasará pero tengo muchas ganas de disfrutar de ese ratito, sin importar qué vendrá después. Estoy en un momento personal muy bueno, me encuentro muy bien, muy a gusto con todo, con mi día a día, con mi alrededor. Hay momentos de nervios, histeria y desquicios porque ando un poco agobiada pero he aprendido a manejar mis emociones y tengo la inmensa suerte de disfrutar de todo lo que hago. Me hace mucha ilusión entrar a su consulta y por fin contarle cosas positivas, llenas de esperanza, sueños e ilusión. Sonrío mucho y eso me encanta. Me miro al espejo a diario, cosa que antes apenas hacía, y me encanta la imagen que me devuelve. Cuando miro a alguien a los ojos y sonrío, siento como que una luz muy especial sale de dentro de mí. Entonces me devuelven esa sonrisa y tengo la sensación de estar transmitiendo sentimentos muy bonitos. No sé cómo explicarlo pero es una sensación preciosa. Siento como si mi alma desprendiese luz.

Paso por aquí porque quiero dejaros también parte de esta luz, de mi alegría y mi bienestar. Sé que muchos me habéis estado leyendo en silencio y también otros muchos apoyándome y dándome aliento en mis caídas. Ya no me afecta ver a mi tío. Hace tiempo que tomé decisiones y estoy muy orgullosa de haberlo hecho. Mi tío abusó sexualmente de mí cuando yo tenía 10 años durante unos 10 – 15 días pero yo soy mucho más que mis miedos, mis fantasmas y mis traumas. Esta luz que sale de dentro de mí y se muestra en mi mirada, en mi sonrisa, en mi forma de comportarme, brilla con una calidez preciosa. Es una luz que invita a soñar, a superar nuevos retos, a redescubrirme a mí misma, a mirar con orgullo dentro de mí y sonreír con el corazón.

Quiero dejaros esta luz para que os ayude a vosotros en vuestro camino. Todos tenemos nuestra propia luz. Todos guardamos dentro de nosotros destellos de esa luz llena de la pureza e inocencia que tuvimos cuando érams niños.

Gracias de todo corazón por leerme y seguir estando ahí.

Un abrazo muy, muy fuerte. 🙂

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Recuperando mi voz

Muchas veces he sentido que era incapaz de alzar la voz, que cuando me enfadaba era incapaz de mostrarlo en ese momento, que mi voz se había enmudecido ante el dolor… He sentido pánico a enfadarme con los demás. Sentía que si mostraba mi enfado algo malo ocurriría. No sé muy bien desde cuándo me siento así pero estoy segura que hace años. Anoche alcé la voz con fuerza, dejé claro mi enfado y no ocurrió nada, el mundo no se cayó, y esa personita sigue hoy a mi lado, me ha sonreído como siempre esta mañana al despertar. Alcé la voz fuera de esas paredes que me dan confianza y seguridad, las paredes de la consulta de mi psicólogo. Me sentí segura de mí misma, fuerte, enérgica. No me sentí pequeñita, no me sentí mal conmigo misma. No pasó nada. Simplemente me enfadé en un momento y lo mostré sin temor, sin miedos, sin inseguridades. No se me quebró la voz, no grité, no sentí que perdía el control de mí misma, no sentí que el corazón se me rompía en mil pedazos… Como he sentido tantas otras veces al intentarlo. Ensayo error, ensayo error, ensayo error hasta que un día, cuando menos lo esperas, te sorprendes a ti misma y lo consigues. Hablé con calma, muy serena. No rogué un perdón por mi reacción, no fui a suplicar que me perdonasen por haber reaccionado así. Me mantuve firme y lo dejé pasar. No fui corriendo a intentar por todos los medios que todo volviese a estar bien. Simplemente dejé que los minutos pasasen y nos calmásemos. Al rato estábamos sonriendo. Esta mañana me siento bien, tranquila, feliz, con ganas de seguir trabajando y luchando por lo que quiero, por lo que me hace feliz.

Y es que a veces hay pequeños gestos que te recuerdan que tu voz sigue estando ahí, que nunca la has dejado de tener, sólo que te sentías tan perdida que habías perdido toda la confianza en ella y en ti misma.

Anoche me quedé dormida emocionada, sintiéndome muy afortunada. Estos últimos años he tenido gente a mi lado que me han dicho “confío en ti. Sé que puedes hacerlo”, personitas que han sabido ver que detrás de esta sonrisa dulce y risueña se esconde un corazón fuerte y valiente, un corazón que nunca ha dejado de latir con todas sus fuerzas, una voz que siempre ha estado ahí aunque a mí me haya dado tanto miedo alzarla. A todas esas personitas que han confiado en mí y que me han guiado en mi particular camino de superación personal, gracias de corazón.

Y a ti que me estás leyendo ahora mismo y celebras también conmigo estos pequeños grandes pasos, gracias, mil gracias por estar ahí.

Un abrazo enorme. 🙂

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Resumiendo, organizando y sintiendo mi dolor

¡Hola! Tras unos meses sin aparecer por aquí, me he decidido por fin a escribir. Esta mañana me tocó sesión con mi psicólogo y ha sido dura, mucho más dura lo que me esperaba.

Tenía cita en Octubre pero el Viernes me llamaron para adelantarla. La verdad es que me descolocó un poco y he pasado unos días muy nerviosa, con los sentimientos a flor de piel, muy llorona… Supongo que estando así tampoco es raro que me haya emocionado hoy. Hemos hecho una especie de resumen de estos casi 3 años que llevo yendo. Me ha hecho preguntas de todo un poco, de cosas que me siguen doliendo muchísimo de mi familia, de mi forma de ser, de la relación con mi tío, de la imagen que tengo de mí misma y de cómo me ven los demás… “Solemos confundir ser sensible con ser débil. Tú has demostrado que el dolor lo enfrentas, no huyes de él.” Creo que ha sido de las cosas que más me han emocionado en esta hora que hemos estado hablando…

No sé si seré capaz de resumir y organizar lo que siento ahora mismo pero quiero intentarlo. De las cosas que más me han emocionado, de las que más me ha costado hablar es mi relación actual con mi madre. Me ha preguntado que cómo resumiría en una frase estos casi 3 años y le he dicho que era tan complicado… Es cierto, no sé muy bien cómo hacerlo, tampoco sabía muy bien a qué se refería. En cuanto a cómo me he ido sintiendo en la consulta, ha sido como si fuese montada en una montaña rusa de emociones. A veces he deseado quedarme allí y no salir, otras he querido salir corriendo. A veces me he sentido genial y otras fatal. Ahora si siento que estoy controlando más mis emociones, al menos consigo que no puedan ellas conmigo. Siguen siendo fuertes pero siento que tengo control sobre ellas. Lo más duro ha sido remover y recordar… Y hablando de otra cosa he vuelto al tema y le he dicho que de lo que más me alegro de haber pedido ayuda es de ver cómo ha cambiado la relación con mi madre. Antes le guardaba mucho rencor, ahora no sé muy bien qué es lo que siento. Hemos pasado un verano complicado, me da mucha pena verla mal… Y ahí me he roto. Después de algunas vueltas entre risas, “tú eres sentimientos. Tú precisamente sabes nombrarlo”, me he dado cuenta de que lo que siento ahora mismo es mucha ternura. La apoyo, estoy con ella y sé que ella conmigo. Me arrepiento de haber dejado que me haya visto mal, de bajón. Eso me da mucha pena. No puedo evitarlo… No quiero que me vea mal y me ha visto demasiadas veces llorando en estos últimos meses por unas cosas o por otras. Se me están saltando las lágrimas escribiendo sobre esto. Es muy duro para mí y duele…

También hemos hablado de los antecedentes que hay en mi familia por depresión. Tengo varios aunque directos uno, mi padre. Ahí si he estado muy entera y como siempre, he bromeado “oye, ahora que lo pienso. Bastante bien estoy, no? Jajajajaja”. Mi padre y sus problemas con el alcohol. Lo veo algo normal pero no por eso deja de doler. Desde muy pequeñita recuerdo peleas entre mis padres por ese tema, porque él venía tarde mal y mi madre se culpaba porque bebía por su culpa. Ahora desde que pasó lo de mi tío, cuando llega a casa borracho nos dice que le damos asco porque seguimos teniendo relación con la familia de mi madre, le falta el respeto a mi madre, dice que se va a matar… Cosas duras pero estoy acostumbrada. No por eso deja de doler pero es algo que llevo viviendo desde niña. Alguna vez a raíz de estar yendo al psicólogo he intentado hablar con mi padre pero según él no tiene ningún problema. Tiene sus rachas, mejores y peores. Cuando vienen las rachas malas es duro. La paga con mi madre y yo me meto en medio para defenderla porque a mi madre no le falta el respeto nadie y entonces también se encara conmigo. Luego al día siguiente se levanta bien y como si nada, ésa es la manera de afrontar los problemas en mi casa, evitarlos, hacer como si no existiesen. De esto hemos hablado y me he sorprendido a mí misma lo entera que he estado. Con 7 añitos veía a mi padre llorar a diario y siendo tan peque intentaba ayudarle. Le hacía ver que había gente mucho peor que él, que él tenía mucha suerte porque nos tenía a nosotras… Él estaba pasando por una depresión. Ahora lo entiendo. No sé hasta qué punto pero yo también he pasado por algo así. Entonces siendo tan niña no le ponía nombre pero como todos los niños, me daba cuenta de todo e intentaba ayudarle como podía. Pienso en mí, me veo y siento una ternura infinita. Tan pequeñita y ya tan madura, siempre pendiente de los que más quiero desde niña.

También hemos hablado de mi don, como él lo ha llamado, mi empatía. Me ha encantado que lo llame así. En cierto modo es eso, un don que se desarrolla por los motivos que sean. Le he dicho que he visto que es una característica que compartimos muchas víctimas de abusos sexuales infantiles. Como me dijo una chica hace un año, “un súper poder”, un radar del dolor. Estoy aprendiendo a manejarla y me encanta ser así, tener esta empatía. Disfruto mucho de ella porque sé que puedo ayudar a los demás respetándoles, preguntándoles un “¿Cómo estás?” con una sonrisa, de estos que dicen “sé que no estás bien. Si me necesitas, aquí estoy.” Me encanta mi empatía, mi sensibilidad, mi ternura, mi ilusión y mi fuerza. Cada vez soy más consciente de la imagen que doy de primeras y cada vez me importa menos. Tengo muy claro cómo soy y estoy muy orgullosa de la mujer en la que me estoy convirtiendo. Eso no me lo va a quitar nada ni nadie.

También hemos hablado de mi actitud. Siendo así, a veces me siento tan pequeñita al lado de la gente, me vengo abajo y no encuentro esa fuerza. Me ha dicho que no olvide nunca lo fuerte que soy. Es cierto, lo soy y mucho pero tengo momentos duros de debilidad y dudas, como todos. A pesar de todo, sé como soy, que sonrío aunque se me rompa el corazón por dentro una y otra vez. Sé que aunque a veces se me olvide, soy una chica con una fuerza enorme.

Algo que también he aprendido en todo este tiempo que llevo yendo al psicólogo es a darme cuenta de que mi dolor no viene todo a raíz de los abusos que sufrí siendo niña por parte de mi tío. Hay cosas que están ahí en mi día a día y que también me duelen que no tienen nada que ver con ellos. Ahora está en mi mano cambiarlas y seguir trabajando por sentirme cada día más a gusto conmigo misma y con mi mundo en general. Desde aquí, con esta entrada me gustaría lanzar este mensaje y dar este consejo a cualquier persona que haya pasado o esté pasando por lo mismo que yo. Cuando estéis mal, pararos un momento a ver porqué os sentís así e intentad ser lo más sinceros con vosotros mismos que podáis. Como leí hace tiempo, cuando descubrimos verdades personales que no nos atrevíamos a ver duele, duele mucho y no es nada fácil pero es necesario para seguir avanzando hacia adelante.

Ahora me siento como las primeras veces que iba al psicólogo, muy cansada pero a la vez aliviada. Me alegro de haberme decidido a pedir ayuda y me siento orgullosísima de todos los pasos que he dado en este tiempo, hasta de los que sentía que iba hacia atrás en vez de hacia adelante.

Confiad en vosotros mismos. Que nada ni nadie os haga dudar nunca de cómo sois, de lo mucho que valéis.

Gracias de todo corazón por seguir caminando conmigo. 🙂

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Y de pronto caí… 13 años ya

Toc-toc ¡¡Hola!! Casi 2 meses sin aparecer por aquí… Qué de tiempo para mi estilo! 😉

No sé muy bien por dónde empezar… Últimamente ando un poco más sensible de la cuenta. No tiene nada que ver con los abusos, o quizás si en parte. No lo sé. Creo que es simplemente un cúmulo de circunstancias. Echo mucho de menos a una personita muy especial en mi vida que se me fue el verano pasado. Creo que estoy llorando más en estos días por ella que cuando falleció. Daría lo que fuese por sentir uno de sus abrazos, por verla sonreír y darle la manita, pasar las horas muertas riéndonos del mundo como tanto nos gustaba hacer… Mi estrellita, te echo tanto de menos… Cierro los ojos y veo tu sonrisa. Sé lo orgullosa que estás ahora mismo de tu niña. Te debo tanto, tanto…

Hace unos días hablando con una buena amiga caí en la cuenta de algo… Para mí la fecha dura siempre ha sido la tarde noche de San Juan, nunca los días antes. De pronto me dio por mirar el móvil y vi 14 de Junio. No sé exactamente cuándo empezó aquel “juego” con mi tío pero estoy segura de que en estas fechas estaba ocurriendo. Entre 10 – 15 días. Creo que por ahí. No recuerdo en concreto la primera vez cómo fue. Mis recuerdos a veces siguen siendo muy confusos. Es curioso, no? Nunca había pensado en ese “durante”, para mí lo traumático, lo duro siempre ha sido esa fecha en la que el calendario me recordaba lo mal que había actuado. Esa fecha que supuso un antes y un después en mi familia. Al darme cuenta de ese “pequeño” detalle, sentí mi querido torbellino de sentimientos contrariados. Pena por un lado por mi niña, también fuerza y unas ganas enormes de abrazar a mi pequeña, de abrazarme a mí misma.

El Lunes pasado coincidí con mi tío a solas en el ascensor. No pasó nada, tan sólo fue una situación difícil e incómoda para mí. El ascensor se paró en el 7 y entró él. Me saludó, me quedé mirando la puerta a punto de salir corriendo pero me sentí paralizada. Me agarré al pomo que hay en el ascensor, justo debajo del espejo y lo miré. Él estuvo cordial. Intentó sacarme conversación, como si fuese un vecino más. Yo no me quitaba de la cabeza “Intenta algo que verás dónde te mando”. Me sentía muy alerta, a la defensiva. Supongo que también es normal. La única vez que he vivido algo así fue hace unos 4 años cuando él se acercó y me dijo que quería que todo se arreglase, que le diese un beso, que lo estaba pasando muy mal y… En fin. No supe reaccionar y reconozco que me hizo dudar de todo pero mi camino de sanación no ha sido en vano. No soy la misma que hace 4 años y me vi como muy guerrera. Estuve cortante, le respondí con monosílabos y tengo la imagen de quedarme mirando el número de la planta y sentir que se me hacían eternos esos segundos. Al salir, estuve con mi prima y mis niños. Mi pequeñín me devolvió la sonrisa. Verle tan feliz me da la vida. Al rato si que tuve un momento de bajón en el coche y poco después le escribí a mi mejor amiga contándoselo. Quería echarlo, desahogarme y no darle más vueltas. “No ha pasado nada. Estoy bien.” Para mi estilo, no le he dado muchas vueltas. Me quedo con esa sensación de sentirme fuerte y no agachar la cabeza. A veces le miré pero siempre con la cabeza muy alta.

Anoche se me vino otra imagen y de nuevo me rompí. Hoy me he vuelto a cruzar con él hace un rato. Supongo que hay fechas en las que por mucho que queramos nos cuesta darles una patada a nuestros fantasmas, aunque sepamos de sobra que pertenecen al pasado. Me repito a diario que tengo cosas maravillosas en mi vida que me llenan de una manera muy especial. Me veo en las fotos últimamente y me encanta mi sonrisa. Me siento muy yo, alegre, positiva, cariñosa, bromista, como me dice mi madre, siendo esa “niña detallitos”. Creo que también el hecho de sentir que estoy acabando una etapa muy especial en mi vida me tiene algo sensible pero es de bueno. Es una emoción muy bonita.

Tengo una suerte inmensa de todo lo que tengo en mi vida a todos los niveles y estoy disfrutando al máximo. Reconozco que como todo el mundo, tengo mis momentos de bajón pero ya no me siento rara ni distinta a los demás.

13 años ya… Me parece mentira. Cómo puedes sentir algo tan lejos y a la vez tan cerca? Me alegro de que al menos en este tiempo haya tenido la fuerza y la valentía para afrontarlo, poner nombres y seguir creciendo cada día un poquito más.

Mi tío abusó sexualmente de mí hace 13 años. Yo era una niña de tan sólo 10 años que de pronto se vio desbordada por sentimientos que le quedaban muy grandes: culpabilidad, vergüenza, soledad, rencor, rabia, una pena inmensa… Para mí ha supuesto un trauma debido al silencio en el que se ha llevado en mi familia y se sigue llevando hoy en día. Es así. No hay más. Ahora soy una chica de 23 años que no olvida lo que ha vivido pero que mira al frente con alegría e ilusión, con la sonrisa y la inocencia de la niña que fue y con la madurez y serenidad que le están dando los años. Una chica más llena que nunca de vida y de sueños, de ganas de ayudar a los demás, sentir que su dulzura, su ilusión, su entusiasmo y su empatía ayudan y sirven para hacer sonreír a los que tiene alrededor. Una chica que busca esos nuevos caminos que le hagan sonreír como a ella más le gusta, con el corazón.

Esta tarde me despido con un deseo muy especial, que nada ni nadie os borre esa sonrisa, tampoco el calendario.

Un abrazo enorme. Gracias por estar ahí, por seguir caminando conmigo.

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Aprendiendo a caminar

El Lunes pasado tuve cita con mi psicólogo. Ahora que van pasando los días sigo muy bien sin saber cómo definir ese ratito, fue raro… Estaba muy cansada, creo que en todos los sentidos. Varias veces le dije “No me hagas caso. Hoy no soy yo. Yo no diría esto.” No hacía más que decirle “Estoy muy cansada. Eso es todo. Vengo aquí y qué? Te cuento más de lo mismo?” Sentía que estaba muy a la defensiva. Se lo reconocía, me líaba en mí misma y no sabía cómo salir. Bromeé como siempre pero menos que de costumbre. A ratos sentía que ese ya no era mi lugar. Ahí en esa consulta me he sentido siempre muy cómoda, a gusto, tranquila. Me he sentido muy yo. La cosa es que en ese momento era como si todo me resultase extraño. A veces sólo pensaba en acabar ya la sesión e irme de allí. En esas estaba cuando me comenta que había pensado en dejar algo más de tiempo entre las revisiones. Me explicó que estoy en su grupo de pacientes que han evolucionado mucho y que qué me parecía si en vez de vernos en verano, nos veíamos ya directamente en Octubre. Creo que fue lo mejor que me dijo en todo ese ratito. Me hizo sonreír. Me hizo volver a sentirme bien, a gusto, cómoda. Y con eso fue con lo que me quedé. Me comentó que fuese planteándome el ponerle un punto a todo este camino. No tengo que decidir nada ahora, es sólo eso, plantearlo. Si no acabamos ya, al menos ir sólo 2 veces o 1 vez al año. No es nada definitivo. Me dijo que incluso si decidiese dejar de ir, podría volver a retomarlo en cualquier momento. También me comentó que yo siempre estoy planteando la idea de dejar de ir. Es cierto. Y él siempre me ha parado los pies, me ha hecho echar el freno y volver a ir a los 2 meses. Por eso para mí que él me lo comentase, que simplemente me lo plantease fue algo increíble. Confío en él. Si me lo ha dicho es porque de verdad me ve mejor. También me dijo que si me encontraba mal en estos meses, que fuese sin cita, que sé de sobra que puedo ir… Pero creo que los 2 sabemos que no lo voy a hacer. Muchas veces he estado bastante mal y no he ido. No sé si por orgullo, porque mi vocecita me dice siempre “No es para tanto” o porque ir significa reconocer que estoy regular y que no puedo con esa racha dura…

Siendo sincera, hoy he estado a punto de ir. De hecho, he aparcado el coche en la puerta del centro de salud. Me he bajado, me he quedado unos 10 minutos en el parquecito que hay a la entrada y me he bajado a mi playa, que está a 5 minutos andando. Ha sido un momento duro, la verdad. Este mes está siendo complicado. No me encuentro bien, me siento que no soy yo y tengo mil cosas que hacer como para andar llorando pero es que ya me cuesta hasta tragarme las lágrimas… Y mira que en eso tengo todo un Máster! Jajajajaja en fin… Que me río por no llorar. Anoche otra vez hubo lío por casa, las cosas andan regular y yo estoy muy, muy cansada de pasar una y otra vez por situaciones que se parecen demasiado y sentir el mismo dolor. Por mucho que lo lleve todo mucho mejor, llega un momento en el que digo “ya está bien, no? Ya he sufrido bastante por todo esto. Otra vez?” Para mí no es nada fácil y siento que mis fuerzas flaquean un poco pero bueno, tengo que verle el lado positivo. Ahora estoy descubriendo algo muy bonito, estar a solas conmigo misma.

Recuerdo que hace 3 años, una personita muy especial en mi vida, mi estrellita, me decía que diese paseos sola. Que me dedicase un ratito todos los días a pasear sola, sin nadie a mi alrededor, fuera móvil, fuera cualquier tipo de distracción que eso me ayudaría a sentirme mejor, a volver a mi rutina con fuerza, ganas y energías renovadas. La verdad es que en ese momento me parecía una locura y se lo decía “me encanta la idea pero sola?” “Y a quién más necesitas? Se trata de que estés bien tú!!” Cómo echo de menos sus charlas… Y ahora cómo la entiendo. Me lo he propuesto y llevo unos días cumpliéndolo. Pensaba que sería perder el tiempo pero es cierto, vuelvo a mis trabajos con ganas e ilusión. No me había dado cuenta del miedo tan tremendo que tenía a quedarme sola. Nunca me había parado a disfrutar de ratitos para mí. Simplemente paseando por la playa, cualquier parque, por la orilla del río o por el campus. Me encanta. Me paro en cada detallito, en las sonrisas de los niños, en las flores, en un perro, en alguien que te sonríe sin conocerte de nada… Es precioso, verdad? Y pensar que nunca me había parado a disfrutar de momentos así.

Volviendo al Lunes pasado, al final pasó algo muy bonito. Como os he comentado, estaba cansada, rara… Pero con lo de ir ampliando aún más las citas me alegró la mañana. Fue algo que me emocionó. La cosa es que al salir, cogí el móvil y me faltó tiempo para contárselo a mi chico, a mis mejores amigas… A esas personitas que sé que se alegraban tanto como yo en ese momento porque han estado, están y sé que seguirán estando en cada una de mis caídas y son las primeras que se alegran con mis pequeños triunfos. Me senté en un banco en mi pompa y vi salir a mi psicólogo. Entonces fue un momento un poco también de estos míos de película. Sentí un impulso súper bonito, me dejé llevar y la verdad es que no me arrepiento. Fue precioso. Le pregunté que si le podía dar un abrazo. No me respondió pero me faltó tiempo! Jajajajaja fueron nada, unos segundos pero me encantó esa sensación. Sentí su fuerza y su protección. Lo que más me gusta de él es que siempre guarda muy bien las distancias, nunca va de amigo, pero sé que se alegra mucho cuando ve a sus pacientes mejor. Os podéis imaginar cómo estaba… Me emocioné un montón y le dije un “gracias” que me salió del alma. Y sabéis qué? Siento que le dije más en ese abrazo que duró unos segundos que en los tres cuartos de hora de sesión. Fue un momento muy bonito que sé que guardaré siempre con mucho cariño. Fue como si por un momento volviese a ser esa niña, que lo único que necesitaba era un abrazo y ya está, tan simple y a la vez tan especial como eso. He pensado que era mi niña, no yo, la que le dio ese abrazo. Ahora creo que fuimos las 2 que ya empezamos a ser una.

Ese momento tan bonito y mis ratitos de paseo ahora a mi aire, me están dando mucho que pensar. Como os he comentado muchas veces, siempre he buscado en los demás lo que me costaba tanto encontrar dentro de mí. Ahora sé que tengo fuerza para salir de los baches, aunque sean duros y dolorosos, todas las rachas acaban pasando. Sé que de esta acabaré saliendo. Me siento muy afortunada por todos los apoyos que tengo a mi alrededor, mi chico, amigas que están aquí a mi lado incluso aunque nos separen varios cientos de kilómetros. Tengo mucha suerte y mi recompensa ahora mismo a todo este camino es empezar a disfrutar de verdad de mí. Darme estos pequeños homenajes, estas pequeñas escapaditas dentro de mi rutina que me calman, que me hacen encontrar dentro de mí esa paz que tanto he buscado en los demás. A pesar de las lágrimas, el cansancio y el dolor, me encanta esta sensación de ser yo la que lleva mi barco. Si estoy mal, sé cómo levantarme y si necesito apoyarme en la gente que tengo a mi lado, no es que sea débil, es que a veces nos hacemos un esguince y tenemos que andar con muletas unos días pero seguimos caminando.

Quiero acabar esta entrada con una cosilla que me dijo una psicóloga hace unos 10 días. Me comentó que los psicólogos ayudan a aprender a caminar cuando, por los motivos que sea, a la gente se le olvida cómo hacerlo. Cuando un niño está aprendiendo a caminar, se siente seguro si ve a sus padres y a su familia que le están dando la mano pero en cuanto se da cuenta de que camina solo, se pone nervioso, se siente inseguro y de los mismos nervios se cae. Está aprendiendo a caminar solito. Por un lado está deseando hacerlo pero por otro, le da miedo. Es normal que se sienta así. Creo que es la mejor manera de describir cómo me siento ahora mismo.

Gracias de todo corazón por estar ahí, por seguir aquí conmigo.

Que tengáis un final de mes precioso y que Mayo os llene de alegría y momentos únicos.

Un abrazo enorme.

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Palabras para Paperucita, mi Chiquitita

Buenas noches, Chiquitita.

Te escribo estas líneas para decirte que estoy contigo. Sé que no estás pasando una buena racha, que llevas varios días en los que te cuesta sonreír. Sé lo duro que es sentir que tu corazoncito se rompe en mil pedacitos y poner todo tu empeño en que tu carita no muestre ese dolor tan grande que sientes. Lo sé, pequeña, lo sé. Te he dicho muchas veces que te admiro. Esta noche quiero recordártelo porque sé que necesitas escuchar estas palabras de mí.

Me encanta como eres. Adoro tu dulzura, que no tengas miedo de expresar lo que sientes a la gente que tanto quieres. Adoro tus pequeños detalles del día a día. Adoro tu risa y tus eternos sueños. Adoro la forma en la que haces reír a los más pequeños, cuando tú también necesitas que te saquen una sonrisa. Adoro tus nervios, ese no parar tan tuyo, que siempre te estés planteando nuevos retos y nuevas metas. Adoro que sigas mirando al frente aunque tus fantasmas a veces se empeñen en tirar de ti hacia atrás. Te admiro, mi pequeña, y te adoro con toda mi alma.

Sé que lo estás pasando regular, que no es fácil volver a pasar una y otra vez por situaciones parecidas y sentir ese dolor tan inmenso… No es nada fácil, lo sé, sabes de sobra que lo sé. Lo siento y lo lloro contigo a escondidas pero quiero recordarte que me tienes a tu lado, que nadie mejor que yo misma para protegerte, cuidarte y mimarte y recordarte que juntas saldremos de este bache, como hemos salido de tantos otros. No pierdas la esperanza.

Estoy contigo, Chiquitita. Dame tu mano y sigamos volando juntas.

Esta noche te dejo esta canción que para ti es tan especial para que te calme y te de todo el cariño que te mereces, que es mucho.

“Chiquitita sabes muy bien que las penas vienen y van y desaparecen. Otra vez vas a bailar y serás feliz como flores que florecen.”

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Empezando nuevos caminos

Hace unos días leí que cuando construimos una barrera a nuestro alrededor, impedimos que pase el dolor pero tampoco dejamos que pase la felicidad. Es algo en lo que he estado pensando últimamente. Me he dado cuenta de que sonrío mucho. Estoy a gusto conmigo misma y con mi vida tal y como está ahora mismo y lo más bonito, sabéis qué es? Que siento esta felicidad y la valoro muchísimo. Creo que nunca antes había sido tan consciente de lo importante que es sentirte feliz.

La última vez que fui a mi psicólogo el mes pasado, le comenté que los abusos han pasado a un tercer o cuarto plano en mi vida. Le reconocí que tengo algo “abandonado” mi blog y que me he alejado un poco de los foros y las páginas. No es que no esté pero si es cierto que no entro tan a menudo como antes, leo pero comento mucho menos. Supongo que hay momentos en los que todos necesitamos distanciarnos un poco y mi día a día me sigue teniendo muy centrada en mi presente. Sigo en ese plan y me sigue alegrando porque me siento fuerte y a gusto.

La cosa es que bueno, reconozco que esa última visita al psicólogo me dejó algo tocada durante unos días. Por primera vez hablamos abiertamiente de mis sentimientos actuales hacia mi tío y fue duro. Me dejó algo descolocada durante varios días porque también coincidió que lo ví varias veces y me sentía algo mareada… Creo que esa es la palabra. Las cosas con él siguen cambiando y no saber hacia dónde van ahora mismo es algo que me asusta. Alguna vez os he comentado mi manía de necesitar tener todo bajo control. Ahora llevo unos días sin verle y empiezo a sentir que voy cogiendo algo de perspectiva.

Siento que estoy encontrando un bonito punto de equilibrio. SI estoy en la casa de mi prima y él aparece, sigo sonriendo y jugando con mis niños o haciendo lo que estuviese haciendo. Reconozco que de vez en cuando también hemos intercambiado alguna que otra palabra, no cariñosa y ni cómplice pero sí correcta, formal por llamarla de alguna manera. Al principio me sentía fatal conmigo misma por lo que os comenté este verano, estar bien con mi tío es como pegarme puñaladas a mí misma por la espalda? No, ahora no lo veo ni lo siento así exactamente. Ahora siento que yo estoy por encima de mi tío y de todo lo que he pasado, vivido y sentido todos estos años. No quiero que lo que viví siendo niña siga marcando mi vida y deseo con todas mis fuerzas que el rencor, el dolor y la rabia no puedan conmigo, como han podido tantas veces… Y ahora siento que poco a poco lo estoy consiguiendo.

Ayer pasó algo muy especial que me gustaría compartir aquí con vosotros. Siempre he sabido y lo he dicho también por aquí algunas veces que recuerdo perfectamente que me gustaba lo que me hacía mi tío. Es cierto, lo sabía pero no lo había vuelto a sentir. Ayer fui consciente de eso. Fue un momento duro pero a la vez muy especial que siento que ha sido una pequeña liberación personal. Anoche tuve la certeza de sentir lo mismo que sentía de niña. Fui muy consciente de ello y por un instante lo pasé fatal porque me pudo la pena pero sabéis que pensé? “No era mi momento aún de sentir esto pero yo no elegí sentirlo y tampoco pude controlarlo”. Me he repetido esto a mí misma muchísimas veces pero, como siempre digo, mi cabeza y mi corazón no siempre caminan de la mano. Anoche me quedé dormida pensando en mi pequeña. Las dos llorábamos abrazadas siendo una sola persona. No había reproches, ni regañinas, ni culpabilidad y a pesar de las lágrimas, me encantó sentir a mi pequeña de esta forma. Fue una sensación muy especial que sé que guardaré siempre conmigo.

Me pregunto en qué parte de mi camino ando ahora mismo… Quizás estoy empezando nuevos caminos que me lleven a quién sabe qué destinos. También me gusta dejarme sorprender. Ahora mismo lo único que me preocupa es disfrutar del viaje porque sabéis qué? Me lo merezco. Me lo debo a mí misma desde hace mucho.

Deseo de todo corazón que paséis una semana maravillosa. Me dejáis que os de un pequeño consejo? Buscad la felicidad en esas pequeños y o grandes cosas que os llenen y os hagan sonreír con el corazón. Como me dijo una personita muy especial en mi vida, lo único que importa en esta vida es ser feliz. Lo de menos es cómo lo consigas.

Gracias, mil gracias por caminar a mi lado.

Un abrazo muy, muy fuerte.

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